sábado, 3 de diciembre de 2016

Definitivo, uno regresa a los lugares donde se enamoró.

Habían pasado 4 años desde la primera vez que pise esta calle. Y después de todo este tiempo, me sigo sintiendo tan ordinaria en éste lugar. Claro, si me comparo con las personas que circulan por aquí, yo, soy una falsa. 

Aquí es donde pienso en nosotros y ellos, y cómo es que con tantas cosas artificiales podemos proteger nuestra esencia, en ti y en mí, y en cómo nuestro entorno nos ha orillado a envolvernos en un mundo donde hay que cuidarse y guardar el porte.

Por suerte, lo único que sé, es lo que quiero hacer contigo. Quiero que caigan las paredes de tanta diversión, despertar y ver tu sonrisa a mi lado, contigo redactar sobre los paisajes de la utopía que hemos creado y sobre cada rincón de tu piel, organizar un día que no vamos a seguir, ir a un restaurante y pedir sólo cereal con leche, ponernos a dieta y romperla, escapar por carretera a toda velocidad sin rumbo para terminar viendo las estrellas en algún lugar. Y, sobre todo, que sepas vivir conmigo y sin mí, que no exista codependencia y seamos entes libres de iniciar proyectos, explorar, crear, destruir y renacer entre lágrimas. 

Si miro hacia arriba o abajo, sé que al final es dar vueltas y vueltas, y girar y girar. Quisiera saber cómo enfrentar esta humanidad a tú lado sin que te desprendas de mi mano, y sin que te canses de amar después de que la gente nos vaya a lastimar. 

Por ahora, lo único que puedo confirmar es que te espero del otro lado de la mesa que suelo compartir en esta calle con soledad, mi soledad. Y conocerte bajo las luces que desprende esta calle, escuchar tu silencio entre todo este bullicio y dejar de admirar gente para solo admirar la belleza que cargas en tu alma.

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